El teletrabajo encima de la mesa

Hoy queremos plantear, basándonos en un estupendo artículo escrito por Isabel Munera en El Mundo hace un par de días, el debate sobre el teletrabajo. Todos hemos oído opiniones sobre este sistema y seguro que todos nos hemos planteado, como trabajadores algunos y como empresas otros, si es económicamente viable y/o interesante. La realidad nos hace ver que aunque se hable mucho sobre ello en nuestro país no tiene muchos adeptos ¿Cuáles son los motivos?

Recomendamos la lectura del artículo completo y os invitamos a participar en el debate.

One thought on “El teletrabajo encima de la mesa

  1. Ignacio Leal

    Tras leer el interesante artículo, me gustaría participar en el debate exponiendo mi ´punto de vista profesional. Tengo 45 años y desde hace cinco desempeño mi profesión como autónomo, aunque tras muchos años como trabajador por cuenta ajena en el sector técnico de la construcción y la arquitectura.

    Esto implica que mi sistema es el teletrabajo desde hace cinco años. Nos centramos, al hablar de este tema, en los trabajadores por cuenta ajena, pero al fin y al cabo, se trata de ver si es viable que un profesional desarrolle un determinado trabajo requerido por una empresa sin que esta disponga para ello de un puesto de trabajo físico para ello. ¿Esto implica que la empresa se ahorra los costes que implican ese puesto físico de trabajo? pues sí y no, pues obviamente el coste no desaparece; sencillamente pasa a ser el profesional el que carga con él. Y como no podría ser de otra forma (aunque a las empresas les cueste “verlo claro”) este profesional deberá repercutir ese coste en el precio de sus servicios al igual que la empresa los repercute en el precio de sus productos o servicios al cliente final.

    Entiendo pues, que lo que la empresa ahorraría en costes del puesto físico de trabajo que consigue eliminar, lo debe asumir de alguna forma en forma de aumento de salario para cubrir los costes que le surgen al trabajador que ha pensado que puede trabajar desde casa.

    Esta ecuación ha de mantenerse y tener muy claro que en los costes del producto o servicio siempre permanece el de los gastos que genera la creación y mantenimiento de un puesto físico allá donde este se encuentre. Lo que no vale es sacar de la ecuación este coste y sucede a menudo. Esta es la primera razón por la que a muchos empresarios (sobretodo aquellos que sólo actúan como intermediarios y no productores) se les desencajan los ojos al leer el presupuesto de un profesional autónomo (quiero pensar que por un mal cálculo de costes). Que piensen ahora en el aumento de sueldo que conllevaría disponer de un trabajador a distancia.

    Por otra parte en cuanto al tema de la desconfianza o el control del trabajador, me temo que se trata de una cuestión de profesionalidad y buen hacer por ambas partes. Eso ya está inventado: los autónomos ejercen una autogestión de sus tiempos y su capacidad de trabajo y el empresario que los contrata mide si el resultado merece la pena (en tiempo, forma, costes, y los factores que uno quiera estudiar) y repite o no. Del mismo modo, se trataría de saber ver quién podría disponer dentro de sus “skills” la autogestión de la productividad, al igual que ahora se debe saber ver quién se adapta bien al puesto y produce de forma satisfactoria.

    Si hablamos de sentimiento de empresa, de corporativismo, en mi opinión no cambiaría nada. Cuando yo desarrollo algún trabajo para una empresa, me debo identificar con esta y estar en la misma sintonía; esto garantiza un grado de responsabilidad que permite un trabajo fluido y buenos resultados. Esto depende pues de una buena comunicación profesional y el grado de implicación inherente a un profesional al que le guste su trabajo. Nunca creí que un edificio o un salvapantallas creara de forma mágica esa implicación.

    En resumen, creo que las posibilidades de implantación de este sistema dependen del servicio o producto resultado del trabajo. En el caso de proyectos en los que todo un equipo debe trabajar simultáneamente, veo fundamental la fluidez e inmediatez de la comunicación y el trato personal, que se vería perjudicada por este sistema. En los casos en los que es fundamental la existencia de un coordinador activo que tome decisiones y marque caminos distintos porque el trabajo se base en factores que cambien de forma casi continua no veo de igual modo el sistema viable tal y como estamos acostumbrados, aunque con modificaciones es viable.

    ¿En fin, es posible? claro, ya existe desde hace mucho, pero en grados y posibilidades tan variados como los servicios, productos o sistemas de trabajo que existen. Creo que merece la pena estudiarlos en cada caso, e incluso modificarlos en ocasiones. Y para acabar disparo un beneficio indiscutible de este sistema: reducción del consumo de combustibles y los costes que ya conllevan y que aumentarán y que son desde hace tiempo un problema real en nuestras ciudades.

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